Quién es quién en el equipo para la revisión del T-MEC.
Ciudad de México.— De cara a la revisión formal del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) programada para el próximo 1 de julio, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, ha presentado el equipo estratégico que liderará las negociaciones. Tras una reunión clave con la presidenta Claudia Sheinbaum en Palacio Nacional, el funcionario subrayó que el grupo combina perfiles de alto nivel técnico y político para enfrentar un entorno que calificó como “difícil”, marcado por las crecientes presiones proteccionistas de Washington.
El equipo negociador destaca por su carácter transversal, integrando a figuras como Julio Berdegué, secretario de Agricultura, para atender las disputas por el azúcar y el tomate, y a Altagracia Gómez, quien fungirá como enlace con el sector privado y la estrategia de relocalización de empresas. Asimismo, se suma Diana Alarcón, representante ante el Banco Mundial, y de manera crucial, Roberto Lazzeri, actual director de Nafin y propuesto como nuevo embajador de México en Estados Unidos. Este último relevo en la embajada se considera una pieza fundamental para robustecer la interlocución directa con la administración de Donald Trump en un momento crítico para la relación bilateral.
Sin embargo, el despliegue de este equipo ocurre en un clima de incertidumbre. Especialistas de la firma León Barrena Rodríguez & Partners advierten que la postura de México ha perdido solidez tras admitir que el objetivo ya no es la eliminación total de aranceles, sino únicamente su reducción. Este ajuste en la estrategia se hizo evidente tras un tenso intercambio entre Ebrard y el representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, quien dejó claro que Estados Unidos no cederá fácilmente en su política arancelaria vigente.
Con la mira puesta en el inicio de las mesas de diálogo, el gobierno de Sheinbaum apuesta por una defensa técnica de la industria nacional sin romper los puentes diplomáticos. El reto para el equipo de Ebrard será navegar entre las exigencias de soberanía económica de México y la postura jerárquica que Washington ha comenzado a imponer, buscando evitar que la revisión del tratado se traduzca en una pérdida de competitividad para el mercado mexicano.







