Tres décadas de guerra, crisis humanitaria y un clima extremo explican por qué millones han huido del país.
Mogadiscio, Somalia.- El presidente estadounidense Donald Trump desató críticas al llamar “basura” a los somalíes que viven en Estados Unidos y pedir que “regresen” a su país, pese a que la mayoría en lugares como Minnesota son ciudadanos estadounidenses por nacimiento o naturalización. Sus declaraciones coincidieron con planes de una operación migratoria enfocada en somalíes y con la suspensión temporal de solicitudes de inmigración provenientes de Somalia.
El país al que Trump dice que deberían volver enfrenta más de 30 años de conflicto, ataques extremistas y desplazamiento masivo. Desde la caída de Siad Barre en 1991, Somalia vive entre guerras entre clanes, la presencia de milicias y la amenaza persistente de Al Shabab, que controla zonas rurales y golpea periódicamente a Mogadiscio con atentados devastadores. Miles siguen viviendo en campos de refugiados en países vecinos o dependen de misiones humanitarias.
Aunque Mogadiscio muestra algunos signos de recuperación impulsados por la diáspora, Somalia mantiene uno de los sistemas de salud más débiles del mundo y su inestabilidad limita cualquier reconstrucción. A ello se suma una crisis climática implacable: sequías, inundaciones, ciclones y plagas de langostas que destruyen cosechas y ganados. En muchos casos, conflicto y clima se entrelazan, pues Al Shabab controla o destruye infraestructura hídrica para someter a comunidades vulnerables.







