A 18 meses de haber apoyado el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, los residentes de la mayor comunidad árabe-americana del país enfrentan la expansión del conflicto en Líbano y una retórica presidencial que amenaza con “borrar civilizaciones”.
Dearborn, Michigan.— La esperanza de un cambio diplomático que motivó a miles de votantes de origen árabe a respaldar a Donald Trump en 2024 se ha transformado en un profundo sentimiento de traición y luto. En Dearborn, donde un tercio de la población es de ascendencia libanesa, las familias viven en una espera constante de noticias sobre parientes atrapados en los bombardeos que han desplazado a más de un millón de personas en Líbano y cobrado la vida de más de 2,000 civiles.
A pesar de que el conflicto se ha agravado —incluyendo el reciente bloqueo naval de EE. UU. contra Irán y la retórica de “tierra quemada” del mandatario—, los líderes locales como Nabih Ayad sostienen que el voto de castigo contra los demócratas era inevitable, pues la administración previa nunca detuvo el apoyo militar a la guerra en Gaza. Sin embargo, el arrepentimiento no se traduce en lealtad: la comunidad ahora se prepara para las elecciones intermedias del 3 de noviembre, distanciándose de ambos partidos mientras lidian con el endurecimiento de las políticas migratorias en casa y la violencia que golpea sus tierras de origen.







