La ciudad texana activa medidas extremas ante una crisis hídrica que podría paralizar refinerías responsables del 5% de la gasolina del país y duplicar el costo del agua para sus habitantes.
Corpus Christi, Texas.— Una sequía persistente que azota a la región desde hace casi siete años ha colocado a este puerto estratégico en una situación crítica. Al entrar en la Fase 3 de su plan de emergencia, las autoridades advierten que, sin lluvias significativas, la ciudad podría declarar un estado de emergencia total entre mayo y octubre de este año, lo que obligaría a recortes obligatorios tanto para la población como para la industria petroquímica.
El conflicto ha escalado al terreno social y económico. Mientras los residentes enfrentan prohibiciones de riego y el temor a que sus recibos de agua se dupliquen para financiar proyectos de infraestructura, organizaciones locales denuncian que la industria —que consume el 60% del agua de la zona— goza de acuerdos tarifarios que la protegen de los costos de la sequía. No obstante, expertos advierten que un corte en el suministro de agua de enfriamiento obligaría al cierre inmediato de las plantas, lo que, sumado a la inestabilidad global por el conflicto con Irán, podría disparar los precios de los combustibles a nivel nacional.
Para mitigar el desastre, el municipio acelera el Proyecto de Agua Subterránea Evangeline, que busca extraer millones de galones mediante nuevos pozos para noviembre. Sin embargo, soluciones a largo plazo como la construcción de una planta desalinizadora de 1,300 millones de dólares permanecen estancadas por su alto costo e impacto ambiental, dejando el futuro de la seguridad energética y el bienestar de los 317,000 habitantes de Corpus Christi a merced de un clima cada vez más extremo.






