El director de Spider-Man y Evil Dead utiliza un thriller de supervivencia en una isla desierta para diseccionar las dinámicas de poder y la misoginia laboral
Especial.- En un giro tan perverso como disparatado, Sam Raimi regresa a la silla del director con “¡Ayuda!” (Send Help), una cinta que mezcla el suspenso más crudo con una crítica mordaz al individualismo corporativo. Estrenada en salas mexicanas el pasado 29 de enero, la película utiliza el tropo de dos náufragos para exponer las grietas de un sistema que, lejos de las oficinas de cristal, se desmorona ante la fuerza de la naturaleza.
La trama presenta un duelo actoral vibrante: por un lado, Rachel McAdams brilla como Linda Liddle, una empleada devota cuya carrera es truncada por el nepotismo; por el otro, Dylan O’Brien encarna a Bradley Preston, el “nepobaby” ególatra que le arrebata su ascenso. Tras un accidente aéreo, ambos terminan varados en una isla donde las jerarquías de Wall Street no sirven para nada. Aquí, Raimi despliega su característico estilo visual —con la fotografía de Bill Pope y el montaje de Bob Murawski— para transformar situaciones cotidianas en momentos de tensión hitchcockiana o comedia negra absoluta.
Más allá del entretenimiento, el guion de Mark Swift y Damian Shannon propone una reflexión sobre la mentalidad Eat the Rich. La película juega con la inversión de roles: en la selva, Linda es la que tiene el control, mientras Bradley es el inútil. Sin embargo, la cinta lanza una advertencia sutil sobre el “empoderamiento” que simplemente replica las tácticas de abuso del opresor. Con el sello de 20th Century Studios, ¡Ayuda! se perfila como una de las propuestas más interesantes de este inicio de 2026, recordándonos que, aunque cambies el escenario, las reglas del juego suelen ser las mismas si no se cuestiona la estructura de raíz.







