Casos como Puebla, Jaguares y Querétaro muestran que la compra de plazas ha sido una práctica recurrente en el futbol mexicano.
Ciudad de México.- Ante el rumor de que Atlante podría regresar a la Liga MX mediante la compra de Mazatlán FC, resurgió el debate sobre cuántos equipos han llegado a la primera división adquiriendo una franquicia existente. Aunque parece excepcional, esta práctica ha sido común en los últimos 25 años, dejando antecedentes que han marcado la historia y estructura del futbol mexicano.
Entre los casos más representativos está Puebla en 1999, cuando evitó el descenso comprando al recién ascendido Unión de Curtidores, lo que permitió que el club permaneciera en primera división pese a perder la categoría en la cancha. En 2002, Jaguares de Chiapas obtuvo su lugar en la Liga MX gracias a una transacción derivada de la existencia temporal de dos equipos llamados Tiburones Rojos de Veracruz, lo que permitió desaparecer a uno de ellos y abrir espacio a la nueva franquicia chiapaneca.
En 2013 ocurrió uno de los movimientos más complejos: Querétaro, tras descender deportivamente, adquirió la plaza de Jaguares para conservar su lugar en la Liga MX, mientras que Jaguares a su vez compró al San Luis, desplazando a este último a la segunda división. Estos antecedentes muestran que la compra de franquicias ha sido un mecanismo recurrente para mantener o adquirir un lugar en la máxima categoría del futbol mexicano.







