El Movimiento de Regeneración Nacional, después de convertirse en la primera fuerza política del país, se transformó en un partido altamente atractivo para alcanzar posiciones políticas en todos los niveles de gobierno, llegando incluso a los lugares más alejados del territorio nacional con una expansión sin precedente. Sin embargo, diversos análisis políticos coinciden en que, en esta nueva etapa, ya no basta únicamente con ganar elecciones; ahora se requiere, con extrema urgencia, demostrar coherencia para conservar identidad, cohesión y legitimidad moral.
La expectativa con la llegada de una nueva dirigencia nacional no gira solamente en torno a la operación política o a los resultados electorales rumbo al 2027. Lo que militantes y ciudadanos esperan es una verdadera reconstrucción interna del movimiento, con capacidad para corregir excesos, malas decisiones y el oportunismo político de muchos actores que encontraron espacio al crecer el partido y ser absorbidos por el poder.
Durante los últimos años, Morena pasó de ser un movimiento social con una fuerte identidad ideológica a una estructura política marcada por disputas de grupo, candidaturas cuestionadas, operadores externos y conflictos derivados de alianzas pragmáticas. El crecimiento acelerado permitió ganar espacios, pero también debilitó mecanismos de control político y ético.
Ante ese panorama, se requiere un verdadero orden interno. La nueva dirigente nacional, #AriadnaMontiel Ávila, ha expresado claramente que las encuestas no deben convertirse en una búsqueda de fama ni en el poder por el poder mismo. Señaló que el verdadero reconocimiento proviene del pueblo y de mantenerse cercano a la ciudadanía. Bajo esa lógica, incluso un personaje con alta popularidad no debería ser candidato si existe certeza de que incurrió en actos de corrupción.
Esa perspectiva pudo construirla de cerca al haberse desempeñado como Secretaria de Bienestar de 2022 a 2026, periodo en el que se reportó una reducción de la pobreza que benefició a más de 13.5 millones de personas, además de impulsar programas insignia como la Pensión Mujeres Bienestar y Salud Casa por Casa. Más allá del discurso político, la exigencia ciudadana apunta hoy a resultados concretos y no únicamente a narrativas de transformación.
La gran interrogante es si realmente existirá una depuración política interna o si continuará predominando el pragmatismo electoral. Los acuerdos políticos deberán ser transparentes, coherentes y éticos, evitando que intereses particulares terminen debilitando al movimiento o generando contradicciones entre el discurso y la realidad.
La construcción de Morena se fundamentó en principios claramente establecidos en sus estatutos. En el Artículo 3°, apartado f, se establece el rechazo a prácticas como el influyentismo, el amiguismo, el nepotismo, el clientelismo, la perpetuación en los cargos, el uso de recursos para manipular voluntades, la corrupción y el entreguismo. Vale la pena que la ciudadanía revise a profundidad ese documento y ejerza plenamente su derecho a analizar, discernir y exigir a las y los aspirantes políticos congruencia con los principios que dieron origen al movimiento.
Morena construyó su legitimidad bajo valores como la austeridad, la cercanía con el pueblo, el combate a la corrupción y el rechazo a los privilegios. Si esos principios dejan de aplicarse en la práctica cotidiana del poder, el discurso pierde credibilidad.
Por ello, resulta indispensable recuperar la autocrítica como herramienta para corregir el rumbo, fortalecer el proyecto y demostrar que sí es posible gobernar sin abandonar los principios que dieron origen a una de las transformaciones políticas más importantes en la historia reciente de México.








