CIUDAD DE MÉXICO.— Bajo un clima de alta tensión política y social, miles de trabajadores, sindicatos y organizaciones civiles desbordaron el corazón de la capital durante la conmemoración del Día Internacional de las y los Trabajadores. Las principales consignas de la jornada se centraron en la exigencia de una reducción inmediata de la jornada laboral a 40 horas, la defensa de los contratos colectivos y el apoyo a las huelgas que mantienen paralizadas las operaciones de la llantera Tornel y del Nacional Monte de Piedad, donde los empleados cumplen ya siete meses en paro nacional. Las movilizaciones, que partieron de puntos como el Monumento a la Revolución y el Ángel de la Independencia, reflejaron un profundo descontento por la precariedad y la simulación laboral, exigiendo al gobierno federal un modelo de pensiones que ponga fin a la Ley del ISSSTE de 2007.
El carácter de la marcha también adquirió un fuerte matiz internacionalista ante el contexto de guerra global, con contingentes como el Movimiento de lxs Trabajadorxs Socialistas (MTS) y la Agrupación Juvenil Anticapitalista manifestándose contra la intervención militar en Irán y el asedio en Gaza. Los manifestantes exigieron el cese al bloqueo económico y al embargo petrolero contra Cuba, vinculando la carestía de la vida en México con la inestabilidad energética provocada por el conflicto en el Estrecho de Ormuz. Paralelamente, la agrupación de mujeres “Pan y Rosas” y colectivos de disidencias alzaron la voz contra la violencia patriarcal y por el acceso al aborto legal y seguro en todo el país, integrando la lucha de género a las demandas de justicia económica de la clase trabajadora.
La jornada cerró con un mitin en el Zócalo donde diversos oradores subrayaron la necesidad de construir una organización política independiente que sea capaz de enfrentar el encarecimiento de la canasta básica y la influencia del imperialismo en la región. A pesar de los intentos de diálogo de algunas mesas institucionales, la fuerza de la calle demostró que el movimiento obrero y magisterial, encabezado por la CNTE, mantiene una postura crítica frente al actual modelo económico, advirtiendo incluso sobre paros nacionales en el marco de los próximos eventos deportivos internacionales. La movilización reafirmó que, más allá de una fecha conmemorativa, el 1 de mayo de 2026 funciona como un termómetro de la resistencia social frente a un panorama global cada vez más convulso.









