Entre el oportunismo de la 4T, la cooptación de las luchas y la urgencia de seguir soñando
CIUDAD DE MÉXICO.— El arte, el deporte y el poder político se volvieron a cruzar en un escenario que ha despertado tanto aplausos de la narrativa oficial como severos cuestionamientos desde las bases populares y la izquierda militante. La reciente presentación de la canción “La niña futbolista”, interpretada por la cantautora Julieta Venegas junto a un coro de mujeres durante la conferencia matutina de la presidenta Claudia Sheinbaum, abrió un debate profundo sobre el uso de la agenda de género frente a la vitrina comercial del Mundial 2026.
El acto, diseñado para inyectar optimismo de cara a la justa mundialista, ocurre en un contexto de alta tensión, donde sectores sociales denuncian que el torneo esconde realidades de despojo, precarización, violencia y desapariciones en el país.
La crítica al feminismo institucional: ¿De verdad “llegamos todas”?
Las redes sociales y los círculos políticos se inundaron rápidamente de críticas hacia lo que se percibe como una campaña de relaciones públicas. Desde la perspectiva de las organizaciones revolucionarias, el uso de la pieza musical representa un intento de la llamada Cuarta Transformación (4T) por legitimar su “política de género”.
Sin embargo, las críticas apuntan a que las consignas del gobierno chocan de frente con la realidad material de la clase trabajadora:
- Cooptación del movimiento: Activistas señalan que bajo el lema gubernamental de “llegamos todas”, el partido oficialista ha absorbido y neutralizado a cientos de feministas e integrantes de la izquierda tradicional, desdibujando la lucha de clases.
- La ilusión liberal: La adaptación del tema remata con la frase “las mujeres de hoy todo pueden ser”, una idea arquetípica del feminismo liberal que ignora que el éxito individual no destruye las estructuras de opresión ni la miseria económica que sufren millones de mujeres diariamente.
La realidad en la cancha: La persistente brecha en el balompié
Quienes defienden la pertinencia del acto gubernamental argumentan que México ya cuenta con una consolidada Liga MX Femenil que llena estadios y atrae patrocinadores. No obstante, las futbolistas y aficionadas de barrio conocen el trasfondo: las jugadoras profesionales aún batallan contra contratos temporales y una profunda brecha salarial, obligando a muchas a sostener un segundo empleo para sobrevivir.
Fuera de los estadios profesionales, la desigualdad es cotidiana. En los patios escolares de nivel básico, los varones siguen acaparando las canchas, relegando a las niñas a la periferia con el temor constante de ser golpeadas por el balón o ser juzgadas por jugar.
De la versión crítica de 2003 a la adaptación mundialista
La genealogía de la canción también desató controversia. El tema original pertenece a Los Patita de Perro, una emblemática banda de rock infantil nacida en el año 2003, caracterizada por sus letras contraculturales y ácidas.
La pieza presentada en la “mañanera” sufrió modificaciones para encajar con las expectativas corporativas del gobierno y el sector empresarial que financia el Mundial. Para los analistas de izquierda, sería ingenuo esperar que una canción impulsada desde el aparato estatal denuncie abiertamente sus propias contradicciones o la explotación de las mujeres trabajadoras.
La necesidad de soñar como semilla de organización
A pesar del evidente uso político, la crítica desde los sectores populares se desmarca de los ataques de la derecha. Existe un consenso en que, más allá del oportunismo gubernamental, el mensaje sigue siendo un faro necesario para las infancias marginadas que tocan un balón a escondidas o que sueñan con ser astronautas, científicas o deportistas.
La rabia provocada al chocar contra las limitaciones del sistema económico y social es, según la militancia, el motor idóneo para transformarse en organización colectiva. El debate evoca el pensamiento revolucionario de Vladímir Lenin en su obra clásica ¿Qué hacer?:
«Es preciso soñar, pero con la condición de creer en nuestros sueños. De examinar con atención la vida real, de confrontar nuestra observación con nuestros sueños, y de realizar escrupulosamente nuestra fantasía».
Bajo esta premisa, que las niñas sueñen con meter cien goles no es un simple acto de consumo o propaganda, sino la siembra de la fantasía necesaria para imaginar —y eventualmente exigir— que otro mundo es posible.







