Atento contra Trump en la cena de corresponsales reabre el debate sobre la seguridad en Amtrak.
Washington, D.C.— El reciente intento de asesinato contra el presidente Donald Trump durante la cena de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca, ocurrido el pasado sábado, ha puesto bajo la lupa los protocolos de seguridad en el sistema ferroviario de Estados Unidos. El sospechoso, identificado como Cole Tomas Allen, logró viajar desde California hasta la capital del país a bordo de un tren de Amtrak transportando una escopeta y una pistola semiautomática en su equipaje.
A diferencia de los aeropuertos, donde la TSA somete a cada pasajero a un escrutinio riguroso, las estaciones de tren —que van desde la masiva Union Station en D.C. hasta paradas rurales sin personal en Nuevo México— carecen de arcos detectores de metales o escaneo de maletas de mano. Aunque la política de Amtrak exige que las armas se declaren, se descarguen y se transporten únicamente en el equipaje facturado dentro de estuches rígidos, la falta de filtros de seguridad físicos permite que pasajeros como Allen ignoren estas reglas.
Incidentes que encienden las alarmas
Este caso no es un hecho aislado, sino el punto más crítico de una serie de eventos que han preocupado a los sindicatos ferroviarios:
- Caso Chicago (2024): Un trabajador ferroviario detectó a un hombre actuando de forma errática; al ser detenido, se le encontraron armas y un plan detallado para un evento de víctimas masivas.
- Homicidio en Misuri (2022): Un tiroteo fatal en un tren cerca de Lee’s Summit resultó en una condena millonaria contra Amtrak por negligencia en medidas de seguridad.
- Antecedentes del 6 de enero: Los sindicatos reportaron comportamientos rebeldes y amenazas tras el flujo de participantes en los disturbios del Capitolio que regresaron a sus hogares por tren.
El desafío: ¿Seguridad estilo aeropuerto en las vías?
Expertos y líderes sindicales como Jared Cassity (SMART-TD) argumentan que la geografía del sistema ferroviario hace casi imposible replicar el modelo de la TSA. Con más de 500 estaciones repartidas por todo el país, muchas de ellas simples plataformas en zonas rurales, implementar controles en cada punto de acceso sería una tarea logística y financiera monumental.
Sin embargo, tras el atentado frustrado contra Trump, la presión política podría forzar a Amtrak a reconsiderar su infraestructura. Actualmente, el Congreso tiene pendientes dos proyectos de ley que buscan equiparar las penas por interferir con trabajadores ferroviarios a las de los trabajadores de aerolíneas, además de facilitar arrestos en jurisdicciones interestatales. La pregunta que queda en el aire es si este evento será el catalizador definitivo para una transformación radical en la seguridad pública terrestre.








