Internacional.- El terremoto del 10 de agosto en Colombia dejó más de 130 muertos y ciudades devastadas. En medio de la tragedia, el presidente ultraderechista Abelardo de la Espriella solo aceptó la ayuda de tres delegaciones internacionales: Estados Unidos, Ecuador e Israel. La presencia de 82 soldados israelíes fue presentada como gesto de solidaridad, pero rápidamente se convirtió en polémica.
Videos del portavoz Roni Kaplan, conocido por su papel como vocero de las Fuerzas de Defensa de Israel durante la guerra en Gaza, mostraban a uniformados posando entre escombros con ropa limpia, grabando mensajes en redes sociales y respondiendo con frases como “Palestina libre jamás” a ciudadanos que los increpaban. Hubieron denuncias de que se trataba de propaganda militar disfrazada de ayuda humanitaria.
El antecedente mexicano: Bolívar y Chimalpopoca
La escena no es nueva. En el terremoto de septiembre de 2017 en México, la delegación israelí enviada al derrumbe de Álvaro Obregón 286 y a la fábrica textil de Bolívar y Chimalpopoca fue criticada por su inutilidad práctica y por su carácter selectivo.
Investigaciones periodísticas revelaron que el equipo israelí llegó con misiones específicas: rescatar a ciertos individuos vinculados a empresas estratégicas y a la comunidad judía. El caso más sonado fue el de Jaime Askenazi, empresario textilero de origen argentino, cuyo cuerpo fue recuperado con urgencia por el equipo israelí en la colonia Obrera. Posteriormente, en Álvaro Obregón 286, los israelíes se enfocaron en un cuadrante preciso, ignorando zonas donde había más posibilidades de encontrar sobrevivientes.
La indignación entre rescatistas mexicanos fue evidente: mientras brigadas locales arriesgaban la vida para salvar a cualquiera, los equipos extranjeros operaban con objetivos selectivos, desplazando a los voluntarios y controlando las operaciones con apoyo del gobierno federal.
De la Espriella y la sumisión colonial
Que la primera decisión internacional de De la Espriella haya sido legitimar la ocupación israelí del Golán y aceptar brigadas militares israelíes en suelo colombiano no es casualidad. Forma parte de su alineamiento con el eje Washington–Tel Aviv–Rabat, en plena tragedia nacional.
La izquierda colombiana denunció que la presencia de soldados extranjeros vulnera la soberanía y normaliza la militarización. Asimismo, la delegación israelí, una vez arribado a territorio colombiano, se tomó una fotografía que, como se puede apreciar, tiene diversos rostros borrosos, pues se trata de elementos con juicios abiertos por crímenes de guerra.
De Cali a Chimalpopoca, el guion se repite: las brigadas israelíes no llegan a salvar vidas, sino a lavar la cara de un ejército colonialista. En México en 2017 y en Colombia en 2026, su papel ha sido el mismo: propaganda bajo los escombros.
La tarea de los trabajadores y la juventud es denunciar estas operaciones y levantar una perspectiva internacionalista: la solidaridad real no viene de ejércitos que bombardean Gaza, sino de los pueblos que se organizan para rescatar, reconstruir y enfrentar la barbarie capitalista.







