La propuesta de “voto por hogar” busca eliminar el sufragio femenino e instalar el control patriarcal
Internacional.- Las recientes declaraciones de la activista conservadora Erika Kirk durante la Cumbre de Liderazgo Femenino (Women’s Leadership Summit 2026), celebrada en junio en San Antonio, Texas, encendieron las alarmas a nivel internacional. La actual líder de la organización Turning Point USA —quien asumió la dirección tras el fallecimiento de su esposo, Charlie Kirk— planteó sustituir el sufragio individual de las mujeres por un sistema de “voto por hogar” (household voting), en el cual la representación política de toda la familia recaiga en una sola persona: el “jefe de familia”.
Aunque los sectores conservadores presentan esta iniciativa bajo el discurso de “fortalecer la familia tradicional”, el planteamiento cuestiona directamente la autonomía de las mujeres como sujetas políticas de pleno derecho y busca retrotraer conquistas históricas fundamentales.
La ofensiva conservadora contra la autonomía de las mujeres
Esta propuesta no es un hecho aislado, sino parte de una estrategia articulada de la ultraderecha internacional que busca revertir derechos democráticos conquistados tras décadas de movilización social:
- Ataque a los derechos fundamentales: Las agendas reaccionarias apuntan directamente contra el derecho al aborto, la educación sexual integral (ESI), las políticas contra la violencia de género, los derechos de la diversidad LGBTIQ+ y, ahora, el sufragio femenino.
- Imposición de un modelo único de familia: Bajo la bandera de la “familia tradicional”, se intenta naturalizar la autoridad masculina dentro del hogar. Este modelo desconoce la diversidad social existente (hogares monoparentales, jefaturas femeninas, familias compuestas o homoparentales) para subordinar a las mujeres al ámbito privado.
- Sostén económico y trabajo no remunerado: La defensa del orden patriarcal cumple una función directa en la preservación de un esquema donde la reproducción cotidiana de la vida y las tareas de cuidado sigan recayendo de forma gratuita sobre las mujeres.
El sufragio femenino: Una conquista de la movilización popular
El derecho al voto de las mujeres no fue una concesión otorgada por las élites políticas, sino el resultado de luchas históricas protagonizadas por miles de activistas que enfrentaron represión, cárcel y violencia.
- Estados Unidos: El sufragio femenino fue reconocido constitucionalmente en 1920 con la ratificación de la Decimonovena Enmienda. YouTube
- México: Fue reconocido en la Constitución hasta el 17 de octubre de 1953, tras generaciones de organización y exigencia colectiva.
Si bien el acceso al voto amplió las libertades democráticas básicas, las desigualdades estructurales —como la brecha salarial, la precarización laboral y la sobrecarga de trabajo doméstico— persisten. Por ello, la defensa de los derechos políticos sigue vinculada a la transformación de las condiciones materiales de vida de las trabajadoras.
La respuesta del movimiento feminista y de la clase trabajadora
El avance de los discursos reaccionarios responde, en gran medida, al papel protagónico que el movimiento de mujeres y las diversidades ha adquirido en la escena política reciente:
- Luchas emblemáticas: Las huelgas internacionales del 8M, la “Marea Verde” por el aborto legal en América Latina, las movilizaciones contra los feminicidios y la organización de las madres buscadoras han desbordado los cauces institucionales y se han convertido en referentes para la juventud y la clase trabajadora.
- Rol en las crisis sociales: Durante la pandemia y frente a las políticas de ajuste, fueron millones de trabajadoras de la salud, educadoras y jefas de familia quienes sostuvieron la atención social cotidiana.
Perspectiva de organización: Frente a los intentos de restringir la participación política de las mujeres e imponer el “voto por hogar”, agrupaciones feministas y de trabajadoras como Pan y Rosas convocan a mantener la movilización independiente. La defensa del voto, el aborto legal, los salarios dignos, las pensiones solidarias y los sistemas públicos de cuidado requieren de la fuerza organizada en las calles para frenar los retrocesos democráticos.







