Alerta médica: Hígado graso afecta hasta al 47% de niños con obesidad en México; expertos urgen a la detección temprana
CIUDAD DE MÉXICO.— El crecimiento sostenido de la obesidad infantil y juvenil en México ha detonado una crisis de salud silenciosa: el aumento de casos de Esteatosis Hepática Metabólica, popularmente conocida como hígado graso no alcohólico. Esta condición, que antes se consideraba exclusiva de la población adulta, se ha convertido en la principal alteración hepática crónica en la población pediátrica mexicana, advierten la Secretaría de Salud, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN).
La gravedad de esta patología radica en su evolución asintomática. Si no se identifica en sus fases iniciales, la acumulación persistente de grasa daña de manera irreversible el tejido hepático, elevando drásticamente el riesgo de desarrollar fibrosis, cirrosis y cáncer de hígado en etapas tempranas de la vida adulta.
La amenaza silenciosa: Radiografía de las cifras en México
De acuerdo con datos procesados por el INEGI y estudios clínicos institucionales, el panorama metabólico de los menores en el país es crítico:
- Población general pediátrica: Se estima que el 13% de todos los niños y adolescentes en México padece hígado graso.
- Población con obesidad: La prevalencia se dispara de forma alarmante hasta el 47% en menores que presentan exceso de adiposidad.
- Población adulta como espejo: El IMSS reporta que más del 60% de los adultos en México presenta algún grado de esta enfermedad, un reflejo del destino que espera a las nuevas generaciones si no se frena la tendencia.
⚠️ Rompiendo mitos: Aunque el sobrepeso es el factor detonante principal, los especialistas aclaran que el hígado graso también afecta a niños delgados que no padecen obesidad, pero que tienen una alta acumulación de grasa visceral o antecedentes familiares directos de diabetes y trastornos metabólicos.
Factores de riesgo y comorbilidades asociadas
La medicina moderna aborda el hígado graso infantil no como una enfermedad aislada, sino como un problema de salud pública de origen multifactorial. Los principales impulsores de la resistencia a la insulina y el almacenamiento de triglicéridos en las células hepáticas son:
- Consumo frecuente de bebidas azucaradas y alimentos ultraprocesados.
- Sedentarismo crónico y reducción drástica de la actividad física.
- Alteración de los patrones de sueño (dormir menos de las horas recomendadas).
- Inicio del consumo de alcohol en la adolescencia, lo que potencia el daño preexistente.
Especialistas recuerdan que el riesgo no se limita al órgano hepático; de hecho, la principal causa de morbimortalidad en estos pacientes es la enfermedad cardiovascular. Además, un niño con hígado graso tiene alta probabilidad de desarrollar a corto plazo:

Estudio piloto en Puebla enciende las alarmas
Un análisis de tamizaje realizado por el IMSS en el estado de Puebla (ejecutado entre mayo de 2023 y octubre de 2024) demostró la efectividad de las herramientas de diagnóstico presuntivo en clínicas periféricas:
La solución: Modificación del estilo de vida
Las guías médicas internacionales, como las del Instituto Nacional para la Excelencia en la Salud y la Atención del Reino Unido (NICE), coinciden en que no existen terapias farmacológicas con evidencia sólida o aprobadas para menores de edad, por lo que la prevención y el cambio de hábitos son las únicas herramientas efectivas para revertir el daño en fases iniciales.
La estrategia clínica se basa en tres pilares obligatorios:
- Alimentación con patrón mediterráneo: Priorizar el consumo de grasas saludables (aceite de oliva, aguacate), vegetales, legumbres y eliminar por completo los azúcares añadidos y jarabes de maíz de alta fructosa.
- Actividad física regular: Un mínimo de 60 minutos diarios de ejercicio moderado a vigoroso para promover el gasto energético y la quema de grasa visceral.
- Tamizajes escolares dirigidos: Siguiendo las pautas de la NASPGHAN, se recomienda realizar cribados obligatorios a todos los niños de entre 9 y 11 años que tengan sobrepeso o factores de riesgo cardiometabólico.








