“La derecha radical se ha convertido en un interlocutor legítimo de las élites globales”
Italia.- En esta entrevista, el reconocido historiador italiano Enzo Traverso reflexiona sobre la evolución de las nuevas extremas derechas a escala internacional. A partir de acontecimientos recientes como el segundo mandato de Donald Trump, el auge de Javier Milei y la consolidación de figuras como Giorgia Meloni o Viktor Orbán, Traverso examina el concepto de posfascismo, las transformaciones de la democracia contemporánea y los retos estructurales que enfrenta la izquierda global.
La mutación del posfascismo y la legitimidad del establishment
Martín Mosquera: A casi una década de la publicación de tu libro “Las nuevas caras de la derecha”, donde acuñaste el término «posfascismo», el mapa político global ha cambiado con eventos como el asalto al Capitolio, el triunfo de Milei o la reelección de Trump. ¿Cómo analizás hoy el posfascismo a la luz de estos acontecimientos?
Enzo Traverso: El marco general sigue siendo útil. El posfascismo continúa siendo un fenómeno transicional, cuyo desenlace final aún no está cerrado. Sin embargo, la mutación más notable respecto a hace diez años no es solo el fortalecimiento de la derecha radical, sino su nueva legitimidad.
“Hoy la derecha radical se ha convertido en un interlocutor legítimo —y en muchos casos privado o preferido— de las élites dominantes a nivel global. Eso no era así hace una década.”
En 2016, Trump era un outsider que causó sorpresa al establishment. Hoy cuenta con un aparato consolidado, decenas de decretos listos al asumir su segundo mandato y una estrategia definida. Figuras como Giorgia Meloni o Marine Le Pen han pasado de la marginalidad o la desconfianza del gran capital a integrarse en el marco institucional.
Aunque el proceso no ha sido totalmente lineal —hubo retrocesos tras la gestión de la pandemia—, la tendencia muestra una convergencia por intereses comunes entre el posfascismo y las élites globales, si bien aún no podemos hablar de un “bloque histórico” gramsciano formalmente constituido.
La relación con la democracia y el modelo de Orbán
M.M.: Existe un debate sobre si estas extremas derechas representan un cambio de régimen hacia el fascismo tradicional o si son meras variantes de la derecha conservadora. ¿Cómo se posicionan estas fuerzas ante la democracia liberal y hasta qué punto el modelo húngaro de Viktor Orbán sirve de referencia?
E.T.: A diferencia del fascismo clásico de la década de 1930, que era explícita y orgullosamente antidemocrático, los movimientos posfascistas actuales adoptan una retórica democrática:
- Uso del marco institucional: Reivindican pertenecer a la democracia y se presentan como sus verdaderos defensores (incluso en eventos como el asalto al Capitolio de 2021, que se justificó bajo la narrativa de “recuperar una democracia robada”).
- Erosión desde el interior: El objetivo del posfascismo no es abolir formalmente las instituciones, sino intervenir desde adentro, desgastándolas.
- El vaciamiento de la democracia: En el contexto actual, para amplios sectores de la sociedad, la democracia liberal ya no se percibe como una promesa emancipadora, sino como una cáscara vacía condicionada por el capital. Por ello, la oposición binaria entre fascismo y democracia tradicional resulta insuficiente para movilizar a las clases populares.
El segundo mandato de Trump y la geopolítica global
M.M.: Frente a un Trump con mayor control sobre el aparato estatal y el respaldo de la clase dominante, ¿qué orientación estratégica se puede prever en el plano interno e internacional?
E.T.: El fascismo histórico contaba con un proyecto de civilización e imperialismo con líneas muy claras. Detrás del proyecto actual de Trump coexiste una constelación contradictoria: desde ideólogos neoconservadores y tradicionalistas hasta figuras del neoliberalismo radical y la tecnología.
No existe un proyecto totalizador de Estado autoritario al estilo del siglo XX; por el contrario, parte de la agenda actual pasa por desmantelar estructuras del propio Estado, lo que distancia al posfascismo de la teoría del fascismo de Estado clásico.
La agenda de la nueva derecha: Tradición y neoliberalismo autoritario
M.M.: ¿Poseen estas fuerzas un horizonte utópico similar al de los movimientos totalitarios del siglo pasado?
E.T.: No. No hay un proyecto de civilización volcado hacia el futuro, sino un impulso profundamente conservador y regresivo. Su discurso apela a la restauración de valores tradicionales (familia, soberanía, nación, rechazo a las identidades de género y al ambientalismo).
En casos extremos como el de Javier Milei en Argentina, la propuesta busca llevar los postulados del libre mercado a su máxima expresión:
- Inspiración teórica: Se acerca a la visión de Friedrich Hayek de una sociedad completamente regida por la dinámica mercantil.
- Profundización del modelo: Más que crear un “hombre nuevo” al estilo fascista, intensifica el ethos neoliberal preexistente (individualismo y competencia) mediante mecanismos estatales autoritarios.
La crisis global de la izquierda y la reconstrucción de la agenda
M.M.: En la última década se ha observado el agotamiento o derrota de diversos ciclos progresistas e insurreccionales (la Primavera Árabe, Syriza y Podemos en Europa, o el repliegue del progresismo latinoamericano). ¿Estamos ante un cambio de ciclo político global donde la extrema derecha ha tomado la iniciativa?
E.T.: Coincido en que la emergencia del posfascismo se alimenta directamente de la crisis política y estratégica de la izquierda. Esta situación combina coyunturas recientes con el cierre de un ciclo histórico más largo: el de las revoluciones del siglo XX.
| Dimensión | Diagnóstico de la Izquierda |
| Límites del antifascismo tradicional | No basta con reaccionar en defensa de las instituciones liberales existentes; se requiere articular una propuesta propia. |
| Riesgo de subordinación | Responder punto por punto a las provocaciones de la extrema derecha implica disputar el terreno bajo las reglas impuestas por el adversario. |
| Reconstrucción programática | Se necesita una agenda social, económica y ecológica autónoma que aborde de forma directa las condiciones materiales de vida de las mayorías. |
“La lucha antifascista tiene que articularse con otras dimensiones fundamentales: la cuestión social, económica, ambiental y el enfrentamiento con un modelo de sociedad neoliberal.”







