La falta de recursos, metas incumplidas y deudas crecientes obligan a una reforma estructural urgente.
Ciudad de México.- Pemex se enfrenta a una crisis operativa de gran escala tras haber ejercido más de la mitad de su presupuesto anual en apenas tres meses. Con 103 mil millones de pesos ya utilizados en inversión y 72 mil millones en CAPEX, el margen restante para el resto del año es insuficiente. Ramsés Pech advierte que, sin decisiones estructurales inmediatas, la empresa podría paralizar operaciones tan pronto como en el tercer trimestre, comprometiendo pozos activos, empleos y toda la cadena de valor del sector energético.
La situación es crítica: apenas se ha perforado el 8% de los pozos programados para este año, mientras la producción de crudo sigue cayendo —con 205 mil barriles diarios menos que en 2024— y el número total de pozos operativos disminuye. Además, las deudas de Pemex superan los 6 mil millones de dólares este año y se duplicarán en 2026, todo mientras los ingresos por gasolina caen debido a los subsidios. El flujo de efectivo se erosiona peligrosamente.
La única salida viable, señala Pech, es abrir a la inversión privada mediante contratos mixtos que compartan riesgos y aceleren la producción. Esta medida no implica ceder soberanía, sino adaptarse a una realidad que Pemex ya no puede enfrentar sola. Tiene el conocimiento, pero no el dinero ni el tiempo. La inacción solo prolongará el declive; actuar ahora podría ser la diferencia entre salvar la empresa o dejarla colapsar.








