Intentan, actores externos y opositores desestabilización de gobiernos democráticos progresistas, utilizando ataques en materia psicológica, social, económica y política, provocando desinformación y malestar social con crisis de credibilidad.
El creador de esta estrategia desestabilizadora de revoluciones no violenta a finales del siglo pasado el politólogo estadounidense Gene Sharp, destaca que estas técnicas son conspirativas y en un principio sin violencia, con el fin de derrocar a un gobierno democráticamente constituido con la finalidad de hacerse del poder político de una nación, sin que parezca consecuencia de un grupo económico o político.
Esta herramienta de desestabilización se realiza en varias fases, de las cuales según analistas y politólogos en México se ha venido realizando desde antes de asumir la presidencia de la república Andrés Manuel López Obrador, en donde existen intereses no solo de grupos empresariales y medios de comunicación nacionales y extranjeros, advirtiéndose evidencia de la intervención indirecta extranjera.
En las siguientes etapas que haré mención no necesariamente se han cumplido en ese orden, ni significa que lograrán su cometido como ha sucedido en varios países de Latinoamérica como el caso de Honduras, Paraguay, Haití, Venezuela, Bolivia, Brasil y Argentina e intentos en más de diez ocasiones en algunos de los países en mención por intereses muy particulares de los vecinos del norte, según ensayos, entrevistas y estudios sobre intervenciones y golpes suaves de Noam Chomsky , Boaventura de Sousa Santos, entre otros,
En la primera etapa los grupos golpistas generan y promocionan un clima de malestar entre la sociedad, en segunda etapa inician con una etapa en defensa de la libertad de prensa y los derechos humanos, que se acompañan de acusaciones de totalitarismo contra el gobierno, en tercera etapa llevan a cabo una lucha activa por la reivindicación política y social promocionando manifestaciones y protestas violentas.
En la cuarta etapa empieza la guerra psicológica y desestabilización del gobierno, con la pretención de crear un clima de ingobernabilidad y en la quinta etapa tratar de forzar la renuncia del presidente mediante revueltas fabricadas callejeras, mientras de manera paralela se prepara el terreno para una intervención militar, mientras se desarrolla una guerra civil prolongada y se logra el aislamiento internacional del país, características que se han visto en los países derrocados.
Lo cierto es que en México y con el avance de las nuevas tecnologías, la creación de boots, páginas apócrifas, mensajes falsos o fake news, están a la orden del día y más en los estados donde se celebran elecciones, pero mucho tiene que ver tener una democracia participativa ciudadana, que es la que juega en definitiva un papel muy importante en donde estas condiciones históricas en la retórica política, ha sacado de su estado de confort a empresarios y políticos que buscan recuperar espacios y poder.
En un recuento histórico donde esta técnica ha sido aplicada como método principalmente de desestabilización política no violenta pero efectiva en la mayoría de los casos menciono a Irán en 1953 con la Operación Ajax organizada según datos de investigación por la CÍA, para derrocar a Mohammad Mossadegh, en Ucrania en el 2004 con la Revolución Naranja y en la actualidad por intereses políticos y territoriales.
Honduras 2009 se dio el Golpe Parlamentario con impacto político objetivo, Paraguay 2012 donde se dio una Crisis Política calificada de golpe blando, Bolivia 2008-2019 Diversos escenarios polémicos con tensiones diplomáticas, muy debatido y controversial, con la salida de Evo Morales, Ecuador 2010 Crisis Políticas señaladas provocadas, Nicaragua 2010 en ese entonces el gobernante Ortega, alegó el intento de esta táctica y Venezuela 2018 a la fecha con denuncias recurrentes de intento de golpe blando, con la actuación de actores externos internacionales y opositores.
Especialistas en ciencias políticas, comunicación estratégica y derecho constitucional han señalado varias líneas de acción para la prevención y contención de esta práctica común en política sobre todo en tiempos electorales al interior, coincidiendo en el fortalecimiento de la legitimidad política con instituciones sólidas con independencia judicial real, órganos autónomos confiables y respetados y parlamentos equilibrados, elecciones transparentes con observadores internacionales y sistemas auditables, reformas constitucionales claras evitando vacíos legales.
Realizar un blindaje comunicacional, contrarrestando con comunicación oficial con datos duros de manera constante, uso estratégico de redes sociales con respuestas rápidas y contundentes, motivar la participación ciudadana, ya que el poder de las masas está comprobado es el termómetro social de una política incluyente, sana donde se refuerza el vínculo gobierno-sociedad en defensa de la institucionalidad y manejar las redes comunitarias con información verídica de boca a boca.
Generar alianzas internacionales que legitimen los gobiernos haciéndole frente a presiones externas, así como también realizar la denuncia ante instancias y organismos como la ONU, OEA, CELAC y Unión Africana entre otros. Y finalmente para reducir la narrativa golpista es necesario aplicar diversos mecanismos para la rendición de cuentas y la práctica de auditorías abiertas y reforzar con ello la legitimidad política social.








