¿Qué detona la creatividad? La respuesta la encontré en un recuerdo de mi infancia. El cual llevaba tiempo congelado en mi memoria.
Año 1984-1985. La rutina de mi vida era ir al colegio, hacer tarea, jugar… Nos regresaba un transporte escolar a mi hermana Jessica y a mí. Nos bajábamos de la unidad y ella se iba a la casa y yo a la de unos vecinos.
Cuando llegaba, ellos ya estaban sentados preparando el ritual del juego. Me sentaba en el suelo y los miraba jugar hasta que mi mamá me gritaba que fuera a la casa. Mis vecinos eran parte de una familia numerosa y una casa pequeña. Uno de ellos era de mi edad y el otro, quizá era un año mayor. No recuerdo cómo era nuestra relación de amistad, solo recuerdo ese momento cuando salía del colegio, llegaba a su casa y los observaba jugar.
Te diré algo, reconozco que nunca tuve la habilidad de jugar, a pesar de que tenía los juguetes de moda, mi habilidad de interactuar y darles vida era pésima. Mi alcance estaba en planear una obra, en acomodar las piezas para luego contemplarlas. Para mí la experiencia del juego era meramente de preproducción. Me aburría la ejecución.
Estos amigos-vecinos tenían algo que creo les robé. Tomé su poder y lo hice mío. Estos dos amigos tenían una vida modesta. No tenían juguetes, ni bicicletas, ni balones, pero tenían imaginación y mucha creatividad.
Ahora te contaré qué hacían. Juan y Pedro (nombres ficticios) tomaban una caja de Corn Flakes. La cortaban en tiras y las usaban como sus muñecos de acción. Una tira era un monstruo, otra tira era un héroe. Otra tira de cartón cortada sin simetría, podía ser un enemigo, un aliado, otra tira podía ser una bomba… Por eso duraba horas contemplándolos jugar, sentado en ese piso de cemento pulido, debajo de una ventana que iluminaba la pequeña sala-comedor. Al fondo de esa pieza topabas con la cocina y con su mamá, que siempre estaba haciendo de comer.
De la nada creaban grandes historias. Yo regresaba a casa y contemplaba mis juguetes y ninguno tenía el poder de hacerme imaginar porque ya estaban imaginados, ya existían con nombre, género, historia y hasta lore.
¿Qué detona la creatividad? Luego de narrarte esa imagen de mi infancia, te respondo que para mí es la curiosidad. El espacio en blanco, la ausencia de pensamientos predeterminados. La creatividad funciona en el sentido contrario a las manecillas del reloj. Una caja de corn flakes tiene más poder que todos los juguetes que pude tener.
Creo que sin querer, esos momentos de la vida forjaron mi mente creativa, la toma de decisiones. Gracias a esas tiras de cartón y a esos vecinos que a los años nunca más volví a ver, me dieron la clase más importante de mi vida: ser curioso. La curiosidad es la primera de las herramientas para vivir. Piénsalo. Si algún día sientes que has olvidado cómo imaginar, ve a tu alacena y busca la caja de cereal, quizá ella pueda devolvértelo.








