Narcotráfico y violencia asfixian el corredor Colegio Civil-5 de Mayo.
Monterrey, Nuevo León.— Lo que históricamente ha sido el motor comercial del centro de Monterrey se ha transformado en un escenario de guerra por el control del territorio. Las calles 5 de Mayo, Colegio Civil, Juárez y Garibaldi han dejado de ser solo puntos de venta de mercancías para convertirse en el epicentro de una cruenta disputa entre grupos delictivos dedicados al narcomenudeo, sembrando el terror entre miles de ciudadanos que transitan la zona diariamente.
Testimonios recopilados entre locatarios y residentes confirman que la violencia no es producto de hechos aislados, sino de una operación sistemática de venta de estupefacientes. Comerciantes como Javier Carrillo y Olga Ruiz denuncian que el consumo y la presencia de pandillas son visibles a plena luz del día, mientras que puntos estratégicos como el Mercado Juárez y los alrededores del centro cultural de la UANL se han vuelto focos rojos de inseguridad.
Cronología de la violencia: Un historial de sangre
La frecuencia de los ataques armados en este perímetro refleja la falta de control en la zona. Los eventos más recientes subrayan la gravedad de la situación:
- 5 de febrero de 2026: Un ataque directo en el cruce de Juárez y Aramberri dejó un saldo de siete personas heridas.
- 26 de noviembre de 2025: Un hombre fue baleado en el concurrido cruce de Juárez y 15 de Mayo.
- 17 de septiembre de 2025: El asesinato de un menor de edad en 5 de Mayo y Colegio Civil provocó cateos de la Fiscalía, donde se aseguraron casquillos y dosis de droga en locales comerciales.
A estos incidentes se suma la operación de cantinas que, según investigaciones de las autoridades, funcionan como fachadas para la distribución de droga. Aunque la Fiscalía ha realizado detenciones y persecuciones tras ataques a elementos policiales —como el ocurrido en octubre pasado—, el entorno sigue siendo hostil para los propietarios de negocios, quienes ven con impotencia cómo el “ajuste de cuentas” se ha vuelto parte del paisaje cotidiano.
La cercanía de estos puntos de venta con recintos educativos y culturales mantiene en alerta a la comunidad universitaria y a las familias que dependen del comercio formal en el primer cuadro de la ciudad, quienes exigen una intervención profunda que vaya más allá de los patrullajes temporales.









