Ben Burgis sostiene que las recientes movilizaciones masivas en EE. UU. han superado el liberalismo reactivo para transformarse en un movimiento robusto que conecta el autoritarismo de Donald Trump con la oligarquía económica y el militarismo.
Estados unidos.- A catorce meses del inicio del segundo mandato de Trump, el movimiento «No Kings» (Sin Reyes) ha emergido como una respuesta visceral a lo que muchos consideran un asalto frontal a la democracia constitucional. Con una participación estimada de ocho millones de personas en más de 3,000 localidades, estas protestas marcan una diferencia cualitativa respecto a la “resistencia” del primer mandato (2017-2021).
Más allá del “Anti-Trumpismo” básico
Burgis destaca que el contenido político de las calles ha girado hacia la izquierda, integrando demandas que antes eran periféricas para el votante liberal promedio:
Antibelicismo explícito: La consigna «No Warlords» (No a los señores de la guerra) ha ganado terreno frente a la guerra con Irán, denunciada como inconstitucional e inmoral.
Conexión con Palestina: Las referencias a la situación en Gaza y Cisjordania son ahora omnipresentes en las movilizaciones internas de EE. UU.
Crítica a la Oligarquía: En un discurso clave en St. Paul, el senador Bernie Sanders vinculó el autoritarismo de Trump con el poder de “un puñado de las personas más ricas de la Tierra”, argumentando que la erosión de la democracia es una herramienta para el enriquecimiento de las élites a expensas de la clase trabajadora.
La urgencia de defender la democracia liberal
El artículo subraya que el radicalismo de la administración Trump ha escalado a niveles letales, citando los asesinatos de los manifestantes Alex Pretti y Renee Good a manos de agentes federales (ICE y Patrulla Fronteriza). Estos eventos, sumados a los intentos de eliminar la ciudadanía por nacimiento, han empujado al público a una defensa de las “normas básicas” que incluso sectores de la izquierda socialista deben reivindicar.
“La democracia capitalista liberal es profundamente defectuosa… pero es el punto de partida para la lucha por algo mejor. Necesitamos defender el nivel de democracia que ya tenemos para tener espacio para organizar y maniobrar”. — Ben Burgis.
El desafío para la izquierda
Burgis lanza un llamado a la acción para los movimientos socialistas: no basta con votar o mirar desde la barrera. El autor sostiene que:
La protesta es solo el inicio: Debe transformarse en una organización de la clase trabajadora que desplace el liderazgo centrista del Partido Demócrata.
Participación activa: La izquierda debe integrarse en las marchas «No Kings» no como críticos externos, sino como participantes que ofrezcan un programa igualitario frente al “demonio de tres cabezas”: oligarquía, autoritarismo y militarismo.
En definitiva, las protestas representan un síntoma de esperanza: un organismo social que, ante el estímulo de la tiranía, aún conserva el “temple” para responder y luchar en las calles.
Para más contenidos, visita y únete a nuestras redes sociales, estamos en: